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Por qué me volví vegetariana

Actualizado: 22 abr

Muchas personas me preguntan si es necesario tener una alimentación vegetariana para practicar Yoga.


Te voy a responder en dos partes, a partir de mi experiencia y el conocimiento que he adquirido sobre la filosofía del yoga. En principio, la respuesta es "No". Puedes realizar los ejercicios físicos de posturas, respiración, relajación y meditación, obteniendo muchos beneficios para tu salud física, mental y espiritual.


No obstante, si tu propósito es practicar yoga de manera comprometida y disciplinada, como Sadhana o camino de crecimiento personal, la respuesta es "Sí". La alimentación yóguica es vegetariana por razones de salud física y mental, no violencia (Ahimsa) en contra de los animales y cuidado de la naturaleza y el medio ambiente.


Por supuesto, no te recomiendo un cambio abrupto de dieta. En la medida en que conozcas más del yoga, sientas los beneficios de practicar las diferentes herramientas que ofrece y sinceramente la convicción y la necesidad de ir cambiando tus hábitos, la transformación ocurrirá de manera natural.


Con ocasión de esta pregunta hoy quiero compartir contigo otra parte de mi historia y contarte cómo y por qué me volví vegetariana.

Crecí en una familia tradicional colombiana, en la cual, como muchos de ustedes sabrán por experiencia propia, la alimentación incluía de manera imprescindible la carne.


Entre nuestros platos típicos más representativos están los sancochos (sopas con diferentes tipos de carnes y tubérculos), el ajiaco santafereño (con pollo), los tamales (rellenos de carne), la bandeja paisa (que contiene chicharrón de cerdo) y, en los lugares costeros, todo tipo de preparación de pescados y mariscos, entre otros muchos.


Este tipo de alimentación era normal para mí y me gustaba. Hace aproximadamente 10 años me mudé a un lugar remoto de mi país por motivos de trabajo (en otra entrega te contaré la historia de cómo cambié mi carrera de ingeniera a maestra de Yoga). Fue allí cuando mi cuerpo comenzó a sentir que no quería consumir carne, principalmente dejó de agradarme la textura. Realmente no sé qué fue exactamente lo que generó esta reacción en mí, simplemente ya no disfrutaba comiendo carne...


Después de un tiempo comiendo principalmente los acompañamientos, comencé a investigar sobre la alimentación vegetariana para asegurarme de balancear mi dieta y obtener todos los nutrientes que necesitaba mi cuerpo, con opciones diferentes a las carnes.

En ese momento descubrí que podía obtener la proteína que necesito de fuentes vegetales como las leguminosas o granos, algunos de sus derivados como el tofu o queso de soya y múltiples semillas. Descubrí alimentos ancestrales de nuestras culturas andinas como la quinoa, el amaranto y la chía, de las cuales no había escuchado antes, que contienen también cantidades importantes de proteínas, entre otros nutrientes. Además, como tenía la facilidad de cocinar en casa, me apasioné por seguir explorando sobre el vegetarianismo y probando diferentes recetas.


Fue después de esto que conocí el Yoga, me fascinó y decidí ir a la India para formarme como maestra. Durante el tiempo que duró el entrenamiento, mi alimentación fue 100% vegetariana.


Comprobé que la digestión era más liviana, presentaba menos molestias digestivas y continuaba sintiendo la misma energía e incluso más, para realizar las actividades diarias.


Aprendí además los principios básicos del Ayurveda (la medicina ancestral India, ciencia de la vida, hermana del Yoga), entre los cuales están los tipos de alimentos requeridos para una dieta balanceada y los más adecuados para cada persona dependiendo de su tipo de mente-cuerpo o forma biológica (Dosha).


También aprendí otras ventajas de tener una alimentación vegetariana:

  • Menor probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares debido al consumo de grasa animal.

  • No violencia (Ahimsa, en sánscrito) hacia los animales, no solamente al momento de su muerte, sino también durante su cría industrializada.

  • Menor impacto ambiental, dado que la cría de animales para consumo humano demanda grandes cantidades de tierra, agua y alimento.

  • Mayor ingesta de Prana (energía vital) proveniente del sol, a través del consumo de vegetales, dado que estos crecen y se desarrollan por medio de procesos de fotosíntesis.

Así que cuando regresé a Colombia continué siendo 100% vegetariana, disfrutando hasta el día de hoy de una alimentación a base de plantas y lácteos; así como explorando nuevas recetas vegetarianas para mí y para compartir con mi familia (que no es vegetariana, pero generalmente les gusta lo que cocino 🥰).

 

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